Prologo
En todo tiempo han existido seres consagrados a una especie de sacerdocio tan mal comprendido como peor recompensado, cuyas prácticas se dirigían únicamente a proporcionar a sus hermanos en sufrimiento, con la salud del cuerpo, la paz del espíritu.
Estos seres, conocidos en Ia historia con los nombres de hechigeros o brujos, y en la tradición con los de curadores u curanderos, tuvieron siempre especial cuidado en ocultar los medios de que se valían para realizar sus prodigiosas operaciones, y aun consintieron muchos de ellos en ir al suplicio sin exhalar una queja antes que revelar los medios porque adquirían sus mágicos poderes.
Proceder tal merecería anatemas si careciese de atenuantes; pero éstos existen, y muy dignos de consideración por cierto. No haremos méritos de ellos por no zaherir a nadie, y sí solamente consignaremos que los poderes se han transmitido oralmente de generación en generación, llegando hasta nuestros días bastardeados unos, puros y sin mácula otros; pero conservando todos el sello de su origen, el sello del misterio.
Ha sonado, empero, Ia hora de hacer luz en el asunto. Como dijo Jesús, nada hay oculto que no deba descubrirse, nada hay reservado que no deba manifestarse. A esto tienden las presentes páginas. No pretendemos con ellas brindar el depósito de la ciencia infusa; no pretendemos tampoco ser los únicos que saquen la luz de debajo del celemín para colocarla en elevada cumbre; pretendemos solamente contribuir con nuestro grano de arena a la fábrica grandiosa del bienestar común.
Nuestro trabajo, por cierto, es de bien escasa valía. Como lea abejas, hemos ido libando el polen de una y otra flor, y con lo que hemos recogido de todas ellas, hemos constituído el panal de miel que ofrecemos. Ni una sola oración, ni un solo conjuro, ni un exorcismo solo nos pertenece: los Padres y Doctores de la Iglesia, las Sagradas Escrituras, los Rituales y Breviarios y la tradición y la experiencia nos lo han dado todo hecho. A ellos, pues, y no a nosotros, les corresponde toda la gloria.
Lea el lector discreto, practique con sinceridad y fe, y verá cómo puede sacar óptimos frutos del contenido de estas páginas.